martes, 2 de agosto de 2016

Fic: L'amour vrai attend por kasomicu. Capítulo 11: Navidad en familia

Capítulo 11: Navidad en familia

Se acercaba el cumpleaños de las gemelas, y Tom aún no iba a Alemania, así que les enviaría un regalo hasta allá. Claro, podía enviarles dinero a sus padres para que le compren algo allá, pero él quería tener ese detalle con ellas, aparte de dejarles una nota que pudieran leer.

Así que fue con ayuda de unas especialistas, Robbie como niña en regalos para niños, y Simone en regalos para criaturas, como abuela y como mujer.

—Tienes que comprar algo bonito y útil, que por lo menos les dure hasta que lo rompan o algo así —recomendó Simone, viendo unos pijamas para niñas de modelo de ponis, que era lo que adoraba Robbie.

—Pero a mis niñas no les gustan los ponis, les gustan los dinosaurios y cosas que podrían considerarse de niños.

—Y son más pequeñas —acotó Robbie.

—De hecho con lo rápido que crecen, seguro están más altas —rió Tom.

—¿Sí? ¿Crecen como yo? Poque papi dice que soy como un chicle que se estira.

—Y tiene razón, serán los genes, porque tu papi también dio un estirón a como era a los dieciséis años —comentó Tom entre risas.

—Ya quisiera yo tener esos genes —mencionó Simone—. Pero también sacó eso de su padre.

—Sí, es bien parecido a él —farfulló Tom.

—¿Y bien? ¿Entonces juguetes serán?

—¡Rompecabezas! A ellas les gustan, o armables de dinosaurios —exclamó Robbie segura.

Tom asintió.


Les compró cuentos adaptados para niños, hizo una carta para ambas y también les compró rompecabezas y armables de dinosaurios. Llegarían en dos semanas pero de todas formas les haría una vídeollamada para verlas y hablarles en su cumpleaños.


—Hola, mis amores —saludó Tom al verlas a través de la pantalla. Eran el retrato de su madre, así que le daba cierta nostalgia al saberlas tan lejos, pero pronto estarían juntos en Alemania.

Alina tenía el cabello largo y sedoso en coletas bajas, mientras que Arabelle lo tenía en media coleta, sonriéndole mientras le señalaba sus dientes que se le habían caído.

—Tom, ya somos niñas grandes como tú —dijo Alina, Arabelle le jaló de la coleta a Alina—. Ouch.

—No somos tan grandes como Tomi —corrigió Arabelle.

—Pero tenemos… —contó Alina con los dedos—. Tres años. Eso debe contar.

—Pero Tomi tiene más de diez —aclaró Arabelle.

—Así crezcan, para mí serán esas bebés pequeñísimas que cabían en mis brazos y se dormían sobre mi pecho —habló Tom.

Las gemelas le sonrieron al mismo tiempo. —¿Y Dobbie? —preguntó Alina, buscándola con la mirada.

—Está durmiendo, aquí es tarde en Francia.

—Ohh, ¿y Bambi? —preguntó Alina.


—Tiene un amigo ahora —dijo Tom—. Se llama Pumba —aclaró mientras llamaba al perro y este venía moviendo la cola corta que tenía.

Bill salió del cuarto al escuchar los ladridos y sin ver la pantalla, acarició los brazos de Tom y le dejó un beso en el cuello a Tom.

—Mi amor, vamos a dormir —pidió Bill adormilado.

—Es Biu, ¿Biu y tú son novios? —preguntó Arabelle y Tom sonrió incómodo, y Bill parpadeó fijando los ojos en la pantalla.

—Las gemelas, oh, mierda. Su cumpleaños, ¿verdad? —preguntó Bill, y se mordió el labio inferior por haber soltado una grosería y procesando lo que habían dicho.

—Eh, luego hablaremos de eso, bebés —soltó Tom, realmente queriendo golpearse la frente.

—Feliz cumpleaños, peques. Y esperen su regalo, eh —farfulló Bill.
—¿Qué es Biu?

—Pues es una sorpresa.

Anémona entró en la habitación y saludó a ambos chicos.

—Bueno, las niñas ya tienen que almorzar —dijo Anémona. Las gemelas pusieron un puchero—. No, nada de pucheros, tienen que comer, aparte habrá pastel.

Rápidamente las gemelas se despidieron y se fueron corriendo a lavarse las manos.

—Mamá, tengan bonito día —deseó Tom.

—Ustedes igual.


—Bill, realmente eres un idiota —comentó Tom, cubriéndose con la frazada—. Tienen tres años, y sabes cómo es mi madre…

—Ay sí, pero tú me pediste que le explicara a Robbie.

—Sí, pero Simone no es una homofóbica en recuperación como mi madre —contratacó Tom.

—Ok, lo arruiné. Disculpa —pidió Bill poniendo un puchero que contrastaba con su barba. Tom rió.

—No puedo estar enojado contigo por mucho tiempo porque eres mi idiota y me haces reír —dijo Tom, fingiendo estar enojado aunque ya se le había pasado.

—Te amo, mi Once —dijo Bill, abrazándolo por detrás.


—A ver recuérdame por qué estamos haciendo compras navideñas —pidió Bill, mientras tomaba un vaso de yogur de las muestras gratis. Bill tenía hambre y no habían desayunado.

—Para llevar cosas para usar en casa de mis padres —respondió Tom, viendo si elegir entre un suéter verde o uno rojo. Bill miró espantado las ropas que estaba eligiendo.

—Ni por todo el oro del mundo usaré eso —sentenció.

—Entonces serás el marginado porque Robbie y yo sí los usaremos. Incluso tu mamá accedió —dijo Tom, decantándose por el verde.

—¿Qué? ¿En qué momento acordaron eso que ni me enteré? —preguntó Bill, mientras agarraba un trozo de salchicha de las muestras gratis. Tom le iba a palmear la mano por agarrar muestras sin comprar nada, y Bill alejó la mano.

—El otro día que llegaste tarde —explicó Tom—. Mi amor, ¿somos la misma talla, verdad?

Bill asintió.

—Pero no estés gastando mucho, recuerda que tenemos que comprar los regalos, la cena, la estadía y algún imprevisto que suceda —comentó Bill.

—No te preocupes, Oskar ya me envió el dinero de las últimas canciones que compuse —explicó Tom—. Eso nos ayudará en el viaje.

—Ok —cedió Bill, mientras masticaba la salchicha.

—Bill, ya deja de comer. Luego no tendrás hambre cuando desayunemos —farfulló Tom.

Bill se rió. —Como si fuera eso posible.


Tom estaba comiendo unas tostadas con mermelada. Robbie comía huevos revueltos en leche. Bill estaba tomando café y Simone comía su ensalada de frutas.

—Chicos, ¿para cuánto tenemos que tener las maletas listas? —preguntó Simone.

—¿Maletas? ¿Para qué? —cuestionó Robbie confusa.

—Vamos a visitar a los papás de Tom, y a las gemelas —explicó Bill. Robbie sonrió.

—¿Y Bambi y Pumba?

—Irán con nosotros —comentó Bill.

—Vamos dentro de una semana, así que lo mejor es ir alistándose desde ya —respondió Tom.

—¿Puedo llevar a Peluso? —cuestionó Robbie con seriedad.

—Sabes que sí, bebé —respondió Bill, despeinándola con la mano.


El día del viaje Tom se levantó temprano a preparar emparedados para su niña y para su niño grande. También preparó agua para darle a Robbie ya que era sedienta, y la goma de mascar para que no les molestara los oídos al viajar.


Durante el viaje, Robbie se la pasó durmiendo, Simone leyendo y Bill estaba durmiendo en el hombro de Tom. Así que Tom escuchaba música con sus audífonos y tarareaba sin despertar a nadie.

Hasta que perifonearon la llegada a Alemania. Tom despertó a Bill, y se fue al baño a refrescarse.

—Amor, apúrate, que ya vamos a tener que bajar —pidió Tom, con la bebé en brazos.
Simone les sonrió mientras bajaba con su maleta.

Bill salió y sacó las restantes.


Las personas empezaron a salir en orden. Ellos al salir se encontraron con Anémona, Jörg y las gemelas, las cuales estaban soñolientas, pero aún así corrieron en dirección de Tom y Robbie.

Anémona se puso a llorar de la emoción de ver a su hijo ahí. Jörg saludó a todos y abrazó a su mujer para que se tranquilizara, porque Tom aún cargaba a Robbie y podría despertarla si lo abrazaba con fuerza.

—Anémona, Jörg, ella es Simone, mi madre —explicó Bill, luego de que todos se saludaran. Simone les sonrió y saludó con cortesía.

—Ya, vámonos a la casa, para que se pongan a gusto —dijo Anémona, limpiándose las lágrimas.


Bill había alquilado un carro por el tiempo que estarían allí. Así que las gemelas optaron por ir con Bill, Tom y Robbie, mientras Simone iba con Anémona y Jörg.

—Bill, creo que deberíamos comprar un auto para usar en Francia —sugirió Tom mientras Bill conducía.

—No lo veo necesario, o sea sí, pero no le encuentro el sentido a tenerlo allá si vamos a casarnos y establecernos aquí en Alemania —farfulló Bill, mientras las pequeñas cotilleaban en los asientos de atrás.

—¿Cómo niñas? ¿Qué dicen? —molestó Tom, Alina se rió en voz alta y Robbie sonreía hacia ella. Arabelle también se reía aunque sin hacer tanto ruido.


Llegaron a la casa y se acomodaron. Jörg con Anémona en el cuarto principal, Simone en el cuarto que usaba la fallecida Bell, Robbie dormiría con Bill y Tom.

—Mamá, ¿puedes cuidar a Robbie? Es que Bill y yo saldremos un rato —pidió Tom. Anémona asintió.

—Claro, es un amor de niña, y se lleva bien con las gemelas —acotó Anémona. Tom asintió y a pesar del jetlag, obligó a Bill a que se levantara de la cama para ir a comprar los regalos.


Tom fue con un Bill que no paraba de bostezar. Fueron a un mall. Primero compraron en la sección de ropa para damas unas prendas para sus madres, unos zapatos de cuero para Jörg y en la sección de juguetería regalos para cada niña.

Bill, con la excusa de ir a comprar algo de comer fue a comprar un guardapelo donde pondría su foto y la de Robbie. Le pareció algo masculino y bonito para que estuvieran con él aunque esté en otro sitio. Aunque no se alejarían, eso lo daba por sentado.

Tom, por su parte, fue a comprarle algo a Bill. Una chaqueta de cuero se le hizo algo muy de Bill, al menos del Bill que conoció y nunca quedaban mal, aparte de que eran sexys, y con esa idea en mente se la compró.


La cena de Navidad corrió a cargo de las mamás y Bill, porque Tom era bueno para los postres mas no para la comida salada. Así que Tom y Jörg se encargaban de cuidar a las nenas.

Bill no era creyente, y no le imponía la religión a Robbie, tampoco se la enseñaban en la escuela, pero las gemelas comentaban sobre que Navidad era por el nacimiento del niño Jesús, hijo de Dios, y Robbie le confundía todo.

—¿Entonces no era que Santa le daba dinero a mi papi para que compre regalos? —preguntó Robbie mientras acariciaba la cabeza de Pumba.

Tom arqueó una ceja. —¿Eso te dijo tu papi? —preguntó.

—No, es algo que pensé desde hace años al nunca ver a Santa —sentenció la pequeña. Las gemelas miraron curiosa a Robbie.

—Yo creía que Jesús nos traía los regalos —comentó Alina.

—¿Y por qué le dan regalos a los niños si es cumpleaños de Jesús?  —cuestionó Robbie.

—Es un simbolismo —dijo Jörg.

—¿Qué es eso? —preguntó Robbie.

Jörg iba a hablar y Tom lo interrumpió. —Bebé, no es necesario que aprendas ahora, cuando crezcas lo harás y decidirás si quieres seguir una religión de las miles que existen —explicó Tom.

Robbie asintió.

Jörg miró con ternura la escena, Tom era un buen papá.


Ya eran las siete. Cenaron tranquilamente, hablando anécdotas de las pequeñas, comparándolas con las cosas que había pasado Robbie en Francia, la cual también opinó contándoles de Winni, su mejor amiga, y Alina puso un puchero pensando que ella era la mejor amiga de Robbie, ella le explicó que se podía tener más de una mejor amiga, Alina dijo que eso no sería ser tan especial.

—Entonces tú serás mi persona especial en todo el mundo —dictaminó Robbie, Alina sonrió y Anémona hizo un “owww” enternecida por la situación.

Tom se sintió un demente por verles futuro como pareja.


Terminaron de cenar y Tom y Bill estaban lavando los platos. Bill le dejó un beso en el cuello a Tom y este se encogió de hombros, con una risa en los labios rogando por salir.

—Oye, ya basta, nos pueden mirar —dijo Tom. Bill asintió—. Nada que ver con el tema, pero, ¿notaste que Robbie y Alina se hacen ojitos? —preguntó.

Bill arqueó una ceja y lo observó curioso. —¿A qué te refieres?

—Que se hablan así como Robbie con Winni.

—¿Será porque son niñas?

—No me refiero a eso, tonto. Sino que pareciera que a Robbie le gusta Alina y Winni —farfulló Tom. Bill bufó.

—Son niñas, no se puede saber eso hasta que crezcan.

—Ni tanto, eh.

—Tú recién supiste que te gustaba a los catorce años.

—Pero me gustabas desde los once —refutó Tom.

—Robbie tiene seis, no hay punto de comparación.

—No te hagas el loco, Bill. Hablo de algo platónico, no que va a tener algo serio con alguien. Aparte las niñas crecen más rápido en esas cosas.

Bill de mordisqueó el labio inferior, frustrado. Era verdad, lo había notado aunque quería fingir que nada pasaba, no era que fuera homofóbico, es decir, ¿con qué cara lo sería? Si él mismo era bisexual. Pero imaginar a su niña con alguien, fuera niño o niña, no le entraba en la cabeza, y justamente que le llamasen la atención las niñas y lo hiciera notar como que le jodía, pero no se lo reclamaba ni nada parecido.


Al siguiente día era Navidad y tenían que abrir los regalos. Las gemelas se tiraron sobre la cama de sus padres a despertarlos. Mientras que Robbie fue al cuarto de Tom, donde Bill estaba de polizonte porque se supone que no debían estar en la misma habitación.

—Papis, ¡papis! Ya es Navidad, quiero abrir los regalos —pidió Robbie, entre brincos y mientras palmoteaba sobre el estómago plano de Bill.

Tom sonrió y le dejó un beso a Bill en la mejilla para animarlo, porque estaba un tanto asustado por la forma en que Robbie los había despertado, quizá había tenido un mal sueño.

—Ya, mi amor, ya vamos —dijo Tom. Bill parpadeó y le dejó un beso a Robbie en la coronilla.

Se calzaron sus pantuflas y fueron a seguir a Robbie que corría en dirección a las escaleras.

—Cuidado, bebé —pidió Bill, siguiéndole el paso.

Robbie asintió y bajó las escaleras con cuidado, agarrándose del barandal.

Las gemelas ya estaban abajo, apurándola para que pudieran abrir juntas sus regalos, 

Robbie se situó al lado de Alina y Bill miró espantado la escena, como si todos sus miedos se hubiesen materializado.

Tom le dio un codazo y masculló un: —¿Qué pasa?

—Es que tuve un mal sueño —soltó cortante.


Tom lo miró curioso, pero prefirió callar.

2 comentarios:

  1. Como cuando me pierdo el capi por mas de 1 semana T-T ;-; y es uno muy bonito Uu'
    Me pregunto si el sueño de Bill será que vio a Robbie de grande y con novi@ y eso lo asustó XD
    Espero que subas el sgte pronto ... saludos
    dyane.

    ResponderEliminar
  2. Es hermoso!!! No puedo esperar a leer que más pasa!!!

    ResponderEliminar