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jueves, 11 de mayo de 2023

Drabble: Once escena inédita por Kasomicu

 


Los que gustan de la serie De Once y demás números (dentro de ella están Once, sus extras y demás continuaciones) se acordarán de la escena donde Bill creyó que Tom había ido de acusete donde la psicóloga, y la correspondiente mordida con saña que le dejó daño físico y anímico a Tom, bueno pues esta escena se situaría más o menos en esas fechas, antes de que se aclarara la situación. Pero nunca lo llegué a ponerlo debido a que no sabía cómo situarla y se quedó en mis archivos, así que aquí la tienen con ciertas modificaciones ortográficas.


Se acurrucó cuando sintió que no podían salírsele más lágrimas de sus cuencas, y aceptó la leche que su madre le ofrecía.

—¿Por qué no quieres comer, Tom? ¿Prefieres que te cocine algo más? ¿Te duele algo? —preguntó su progenitora tras comprobar que no tuviese calentura—. Me preocupa esa mordida, ten más cuidado al masticar.

—No me fijé, perdón, ma.

Un gruñido de desaprobación se dejó escuchar. —Es que has debido estar muy distraído para hacerte eso, llamaré al doctor, esto podría darte consecuencias más adelante —intentó coger el móvil de Tom.

—¡No! —gritó espantado.

Que su madre sujetase su celular significaría que lo encendería y, al hacerlo, notaría las llamadas de ese "alguien" que le perturbaba en todos lados y que le quitaba horas de sueño.

Anémona frunció el entrecejo.

—¿Me has alzado la voz, Tom? —cuestionó con una mirada desaprobatoria que Tom conocía a la perfección, suspiró y puso su mano sobre la de su madre, en la cual traía el móvil, en un ademán para tranquilizarla y alargar el momento en que lo encendiese.

—No, no, mami, ¿cómo crees que haría eso? Es que casi no me queda crédito, así que me daría vergüenza no poder comunicarme con Andreas o, en caso de emergencia, no poder avisarte.

Su madre se alarmó y soltó el celular.

—Tienes razón, te pondré más crédito, de paso que llamo al doctor. ¿Te quedas aquí tranquilo, ok? Regresaré pronto —dijo Anémona, para luego darle un beso sobre su frente.

Tom asintió y sonrió levemente.

La puerta se cerró y él se tiró sobre su cama de nuevo.

Iría a decírselo a sus padres, no quizá ahora, pero si todo se tornaba peor, tendría que hacerlo. No estaba seguro de poder reconocer en qué momento la situación podría definirse como tal, si es que no lo era ya, al saber que aquella persona conocía su nombre y le llamaba a todas horas.

Se cubrió hasta por encima del rostro y se sintió miserable.

Fic: L'amour vrai attend por Kasomicu. Capítulo 15: Años después [FINAL]

 Capítulo 15: Años después


Tom se miraba al espejo totalmente nervioso, y no tenía la certeza de por qué lo estaba, ya que estaba seguro de su decisión y de que deseaba que suceda lo que estaba por pasar. Ya se había graduado con honores, Bill había encontrado una plaza para trabajar en una universidad de Leipzig y también ser supervisor en una galería de arte, ambos estaban establecidos en Alemania, y ya era el momento de seguir su vida personal, tal y cómo lo habían planeado y allí estaba, a punto de dar el paso más grande en su vida.


Se acomodó la corbata nuevamente y pasó los dedos entre sus cabellos, tragando saliva.

—Por Dios, Tom, ni que te estuvieras arrepintiendo. Ya están juntos varios años, esto innegablemente iba a suceder —dijo Andreas, mirándose las uñas con desinterés.

Tom frunció el ceño. —No es eso. Claro que quiero casarme con Bill. Sólo que igual me da algo de nervios.

—Piensa en lo que sientes por él y se te pasará o eso me dijo Gustav que hizo con Brianne.

Tom cerró los ojos, recordando cada momento con Bill, rememorando sus besos... Sus agarres de mano, la forma en que era tan frágil con él así se demostrase duro con el resto, en cómo lo hacía sentir único, también en cómo lo sacaba de quicio, las veces en que su ausencia dolió demasiado pero cumplió su palabra finalmente, dijo que día con día le diría que lo amaría y eso hizo, convenciéndolo de que no lo dejaría y ahora firmarían una vida juntos con aquel trozo de papel, era Bill... El chico sangrante de la pelota, el chico del helado de vainilla, el de caramelo de naranja, el de sus primeras veces... El dueño de su corazón...

Abrió los ojos y los nervios se habían disipado, miró agradecido a Andreas.

...

Bill se rascaba la quijada por el retraso de Tom, ¿se habría arrepentido? Muchas dudas pasaron por su mente en aquellos diez minutos de retraso, cuando de pronto lo vio salir, con su elegante traje con corbata blanca, su cabello suelto y su rostro impoluto, con los ojos brillantes y una media sonrisa, y Bill sintió mariposas, de las grandes, de las buenas que le querían atravesar el interior, tragó saliva y se dio cuenta de que estaba llorando como un nenaza a su parecer, pero es que nunca pensó en casarse, su vida antes de Tom era algo desolada y miserable, no pensaba que encontraría a alguien que valga la pena, pensaba que la gente era una basura, y su mundo dio un giro por completo cuando lo conoció, volvió a creer en la humanidad, en la bondad, y cuando lo perdió, cuando tuvo que dejarlo ir fue lo más desastroso que hizo en su vida, sabía que lo hacía por su bien, sin embargo, sabía que él mismo cavaba su tumba a la soledad y no ser feliz como hombre nunca más, y ahora el tener una nueva oportunidad con el amor de su vida, de casarse y estar unidos, esta vez sí para siempre hacía que llorase.

Lo amaba con su vida entera y no podía creer que realmente aquel ser hermoso que se acercara fuera, y siempre sería, suyo.

...

—Yo, Bill Kaulitz, prometo amarte cada día, siendo el más insoportable a veces pero también el que con sus estupideces te hará feliz. Prometo cocinar para ti para que no te falte alimento. Prometo cuidarte en la enfermedad y gozarte en la salud. Mi querido Once, siempre seré tuyo y espero tú seas mío. 

—Yo, Tom Trümper, prometo amarte todos los días de esta vida y la que siga, no enojarme tanto por tus babosadas, ayudarte a no ser un desastre, cuidar de ti cuando estés enfermo y estar contigo también en la salud. Mi amor, siempre seré tuyo y espero tú seas mío.

El juez los miró a ambos mientras se ponían los anillos.

—¿Bill Kaulitz aceptas a Tom Trümper como tu esposo para honrarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe?

—Y más allá.

—¿Tom Trümper aceptas a Bill Kaulitz como tu esposo para honrarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe?

—Acepto.

—Por el poder que me confiere el estado de Leipzig los declaro marido y marido. Pueden besar al cónyuge.

Tom tomó a Bill por las mejillas y lo besó con dulzura, un beso corto pero cargado de amor. Escucharon los vítores de sus familias y los aplausos. 

...

Tenían el poder adquisitivo de poder irse de viaje para su luna de miel, pero decidieron quedarse en casa, pero eso sí, dejar a Robbie con sus abuelos al menos unos días. ¿Y a dónde iban a ir? Bill quería ir al claro, con sándwiches caseros hechos por Bill, el deja vu estaba latente.

—¿Otra vez aquí en la limonada gigante? —bromeó Tom, Bill sonrió. 

—Hacia mucho que no veníamos... Y creo que ya no te acompleja tu cuerpo, ¿o me equivoco? —preguntó Bill, dejando la mochila en el piso y quitándose la ropa, quedándose en ropa de baño, Tom hizo lo propio.

—Aprendí a quererme, aparte que ahora el flacucho eres tú. 

—¡Hey, más respeto señor Kaulitz! —molestó Bill.

—¡Y tú también, señor Trümper! Mira que siendo casado y venir a bañarnos solos los dos no es una buena idea... ¿Qué pensaría su esposo? —bromeó Tom.

—Oh, no se preocupe por ello, señor Kaulitz. Él está tranquilo en casa, no sospecha de lo nuestro.

—Qué bueno, porque no sabría cómo alejarme de usted, señor Trümper —dijo Tom, acercándose peligrosamente hacia Bill, al punto de respirarle la boca y tomarle por la cintura.

Bill cruzó sus brazos por el cuello de Tom, para luego relamerse el labio inferior, dejando su aliento caliente sobre la boca del contrario, sintiendo cómo al contacto de pieles, éstas se escarapelaban. 

Tom acarició la piel de su vientre, recordando cómo Bill lo había acariciado en aquel lugar años atrás, su yema de sus dedos recorría con cada tramo desnudo de su piel, con delicadeza, sus brazos, sus hombros, su cuello, pasó sus pulgares por su cuello, viendo cómo Bill por inercia se giraba un poco para dejar disponible esa zona para ser besada, lamida y mordida... Y posó sus labios allí, succionando la piel, sintiendo el sabor salado, pronto sintió cómo su ahora esposo, sin delicadeza alguna y como él solo, le metía la mano dentro de su ropa de baño para apretujar su trasero.

—Sí que rompes la magia.

—Es un defecto que tengo... Pero sabes qué, creo que te olvidaste de algo.

—¿Qué cosa?

—Que el último en llegar es un huevo podrido —dijo Bill para alejarse corriendo en dirección al lago y Tom rió sonoramente, dándose cuenta que algunas cosas a veces no cambiaban por más tiempo que pasase.

...

Tiempo después en una sala de espera del hospital estaban Tom, Bill y Robbie, todos esperaban con ansías la llegada los pequeños bebés, habían elegido una receptora sana y con rasgos algo parecidos a los de Bill para dar una ilusión de que sea hijo de ambos y Tom estaba muy emocionado, habían seguido minuto a minuto todo el proceso, los chequeos, los latidos de sus corazones, habían ayudado a la receptora con los ejercicios para que nacieran bien y allí estaban ahora a puertas de recibirlos.

—¿A qué hora podremos ver a mis hermanitos?

—Pronto, mi amor —apaciguó Bill a su hija, la cual tenía dos peluches en brazos, los cuales planeaba regalarles a los gemelos cuando nacieran.

—¿Serán iguales a papá Tom?

—No lo sé, bebé. Lo sabremos al verlos.

Tom dio un beso en la frente de Robbie, que aún seguía muy inquieta cuando de pronto vinieron dos enfermeras con dos bultos arropados en mantas azules. Bill y Tom se levantaron y los vieron. Su corazón se sintió apretado en su interior, iba a ser la oportunidad de tener hijos con Bill y criarlos juntos, así como quiso hacer con Robbie en su momento.

Tenían leves pelusillas rubias en sus diminutas cabecitas, y unos ojos almendrados color avellana con una finísima nariz, eran idénticos a Tom.

Bill tomó a uno y Tom hizo lo mismo con el otro, enseñándoselos a Robbie, la cual lloraba de la felicidad.

—¿Y cómo los llamarán, papás? —preguntó Robbie y Tom vio a Bill para luego sonreír.

—Fabian y Victor.

—¿Por qué ese nombre, papá?

—Porque cuando mi mamá estaba embarazada de mí, íbamos a ser dos pero mi hermano no pudo vivir, inicialmente nos íbamos a llamar Fabian y Victor pero luego me puso Tom que significa hermano, en honor a lo que siempre sería.

—Oh entonces yo sería Tomasa.

Los padres rieron por la ocurrencia de la pequeña y luego se besaron.

...

Robbie caminaba tomando de la mano a Victor, que no se cansaba de intentar caminar a pesar de que se caía seguido, mientras que Fabian se entretenía más en sus cubos y repetir sinsentidos.

—¿Quieren que veamos una película?

—Sí, papá por favor —dijo Robbie, ya con una cabellera castaña más larga y ella también más grande, sumamente feliz con sus hermanos.

Tom acomodó unos cojines en el piso y cargó a Fabian para ponerlo allí, Victor caminó en dirección a su gemelo, cayéndose en el intento y terminando el trayecto gateando.

Bill entró a la sala enternecido con la escena de sus tres hijos junto a Tom, los amores de su vida eligiendo alguna película de Disney. Recordaba de algún modo lo importante que era para él ver películas cuando era niño primero con su padre y luego con su mamá, sólo que en esta oportunidad no terminaría en conflictos, su vida era diferente ahora, tenía paz, sentía que de algún modo todo lo que sufrió valió la pena si el precio fue para tener todo lo que tiene ahora.

Se acercó a Tom, le dio un beso corto en los labios y besó las cabezas de sus hijos, para unírseles y ver también Hércules junto a ellos.

...

Era la presentación del libro de Tom, aún recordaba cuando le dijo que escribiera sobre ellos y lo hacía en blogs en internet, pero pulió su trabajo y logró que cautivara una editorial al punto de publicarlo y que se volviera un bestseller, ahora iba a leer un poco sobre el libro en aquella librería.

Lo veía henchido de orgullo, siempre pensó que su esposo era una persona talentosa y maravillosa y así solamente faltaba que el mundo lo viera y en ese momento todos eran testigo de lo capaz que era Tom, ahora, Kaulitz.

Su cabello castaño con rubio en las puntas y su barba frondosa, sonriendo, con su traje y su libro en mano, sólo se le antojaba follárselo ahí sobre esa mesa pero eso lo dejaría para la casa.

—Muchas gracias por la acogida a "El chico de la verja", empezaré leyendo el primer capítulo llamado El chico raro. "Tim era intrépido, y eso era bueno, o al menos creía que sí porque aún no había buscado el significado de ese término con el cual su maestra lo había calificado. Sus amigos le decían que era genial (aunque se les olvidase al día siguiente), y eso le bastaba para ensalzar su autoestima, porque era muy tímido a veces y demasiado inseguro, aunque se hiciese el gracioso de la clase para disimularlo...
(...)
—No soy un crío —soltó entre dientes, el otro rió.

—¿Qué edad tienes, diez años? Para mí eres un crío —repitió con chanza, dando un paso hacia su dirección. Tim retrocedió otro poco.

—Tengo once recién cumplidos, para tu información —mencionó.

El otro rodó los ojos. —Ok, nene-con-once-años-recién-cumplidos. ¿Es esta tu pelota y la quieres de regreso? —interrogó por tercera vez. Tim bufó.

—No, no es mía. Es de un… compañero, estábamos jugando a la pelota y…"

Bill escuchaba atento, recordando cuando años atrás Tom le leía antes de dormir, pero en esta ocasión escuchando su historia, con otros nombres, comprendiendo cómo Tom lo veía en aquel entonces, con miedo al inicio pero curiosidad después... Entendiendo tantas cosas que en su momento no pudo, viendo que fue su primer amor, miró su mano, la alianza en su dedo, recordando que sería también el último.

Su amor había pasado por tanto y tenían aún un largo camino por recorrer pero estaban juntos y eso le bastaba para ser feliz.

FIN

N/A: Han pasado 11 años desde que publiqué Once y se convirtió en una serie a la cual le dediqué mucho amor, y pues, ahora finalizo esta etapa, quizá no con un longfic pero sí culminando todas las ideas que tenían ellos en su mente y en la mía, por fin poniéndolo en palabras, sin hacerlo resumen pero sí con saltos temporales. Sé que muchas personas ya no me leen pero para las que sí gracias, gracias por seguirme desde el inicio.

Fic: L'amour vrai attend por Kasomicu. Capítulo 14: Cabos sueltos.

  Capítulo 14: Cabos sueltos


Tom miraba a su madre, escuchándola con atención, sintiéndose de pronto apabullado por lo dicho... Es decir, por fin entendía la sobreprotección de su madre. Él tuvo un hermano el cual nació muerto y su nombre era el perenne recordatorio de lo que fue ya que Tom significaba "hermano", ahora comprendía más sobre sí mismo, sobre su dificultad muchas veces para relacionarse y la constante sensación de vacío.


—Es parte de mi proceso de sanación ser sincera, hijo, por lo mismo te lo digo.

Tom asintió, y luego fue abrazado por su madre, correspondiéndole al gesto, aún afectado por lo reciente.

...

Simone recibió una llamada para luego sentarse con brusquedad en el mueble, mientras se sujetaba el rostro y empezaba a llorar violentamente, Bill al verla así se acercó y la tomó por el rostro con preocupación retratada en el suyo.

—Bill, tu padre...

—¿Qué?

—Tu padre murió —soltó Simone, para seguir llorando desconsolada y Bill parpadeó confundido, sin procesar lo dicho. 

¿Cómo era posible? Él no sabía nada de su padre, no había intentado comunicarse con él nuevamente desde que viajó a Francia y lo último que recordaba era el constante maltrato y abuso, pero igualmente algo en su interior se sintió romperse.

...

—No vas a creer lo que me dijo mi mamá —comentó Tom.

—No hagamos apuestas sobre lo increíble que pueden decirnos nuestras madres el día de hoy porque saldrías perdiendo —mencionó Bill con el rostro deshecho, Tom se fijó en ello y se sentó a su lado en la cama, con mirada interrogante—. Mi padre ha muerto.

—Bill, yo... Lo lamento, no sé cómo... Es decir sé que no tenían buena relación pero...

—Sí, es jodidamente raro que duela, pero lo hace. Y esto me dio una dosis se realidad, Tom, debemos quedarnos en Francia, aprovecha al máximo tu carrera y luego ya podremos vender la casa y volver a Alemania.

—Está bien, amor. ¿No quieres hablar sobre tu padre?

—No sé qué decir, era un maldito hijo de puta que nunca me quiso pero de algún modo me aferré a la poca atención que recibía de pequeño de su parte cuando no estaba ebrio, donde veíamos todos películas y fingíamos ser felices. Es... Tan estúpido, estoy tan cagado... ¡Él no merece que lo piense! —gritó enfurecido con los ojos aguándose y poniéndose rojos—. ¡No merece que le llore pero aquí estoy como un maldito idiota llorando! ¡Ni siquiera pudo conocer a su nieta, lo peor es que antes ni lo había pensado por temor a que rechazara a mi hija como a mí, sin embargo, pienso en el hubiera!

Tom acortó la distancia entre ambos y lo abrazó, sintiendo cómo Bill se quebraba entre sus brazos y lloraba con más intensidad, después de un rato los gritos pararon y ambos durmieron abrazados.

...

Al día siguiente, Bill decidió no hablar más de su padre y Tom respetó su decisión, pero aprovechó en contarle lo de su hermano y Bill al menos estaba de suficiente buen ánimo para bromear al respeto sobre un trío con dos Tom.

—¿Bill vienes? 

—No, mamá, no quiero ver a mi familia paterna. —Bill era consciente de que su familia paterna lo detestaba porque consideraban que era un error en la vida de Gordon ya que desde su nacimiento él empezó a alcoholizarse y fue aún peor cuando él "se fue sin avisar" a otro país.

—Está bien, hijo. Yo iré al entierro. Miren sólo me esperan para irnos al aeropuerto, no demoraré.

Ambos asintieron y la tarde la pasaron con las gemelas y Robbie, sabían que se extrañarían.

...

Ya había llegado la noche, Simone estaba de vuelta y todos estaban presentes, dispuestos a ir al aeropuerto.

En una camioneta subieron todos y llegaron.

Bill hizo que pusieran a sus mascotas en el avión y luego volvió a despedirse, abrazando con afecto sincero a sus suegros y dando besos sonoros a las mejillas de sus pequeñas cuñadas.

—¡Te extrañaremos, Dobbie! —dijeron las gemelas al unísono, ella les abrazó a ambas, sonriendo y diciendo que ella también.

Tom se despidió de sus hermanas y luego de sus papás, diciéndoles que estén tranquilos porque los visitaría en otra ocasión.

Bill cargó a Robbie y tomó a Tom de la mano, dirigiéndose a la sala de abordaje.

Tenían que seguir adelante, su futuro era prometedor.

Fic: L'amour vrai attend por Kasomicu. Capítulo 13: Calor de hogar

 

Capítulo 13: Calor de hogar


Bill abrazó fuertemente a su hija al regresar de su viaje, ella sonreía gustosa recibiendo atenciones de su papi, Tom recibió muchos afectos de parte de sus hermanas, y luego cargó a Robbie para saludarla como era debido.

 

Ambos compartieron una mirada de complicidad, la propia que nace de una relación que se vuelve estrecha y en la cual puedes llegar a entender lo que el otro piense sin necesidad de vocalizarlo, y luego se vieron con amor, Bill completamente enamorado de Tom en todas sus facetas, incluyendo la de un buen padre para Robbie, y, por otro lado, Tom sentía que todo estaba como debió darse, y que la vida que tenía ahora era simplemente maravillosa.

 

...

 

—¿Cómo es que antes tenía una idea errada sobre ti? —preguntaba Anémona riéndose, mientras estaban en el comedor por un almuerzo familiar—. La verdad es que eres un gran muchacho, y Simone, te felicito por el hijo que tienes. Tom, vida mía, disculpa mi tozudez previa —mencionó mirando a su hijo con una expresión sincera.

 

Las vacaciones habían ayudado bastante a vencer las rencillas en la relación de Bill con su suegra y que Simone se volviera su amiga ayudaba aún más porque le explicaba con detalles todo, e incluso cotilleaban sobre Gordon, ya que ambas habían estado con él.

 

Tom no se quejaba, estaba muy feliz de que su mamá por fin entendiera por completo que Bill era maravilloso si uno le daba la oportunidad.

 

—No te preocupes, mamá.

 

—Siento que estoy en una dimensión paralela pero aprovecho el error de la matrix, y gracias, suegrita por ya no odiarme —dijo Bill, muy extrañado pero sin quitarse la sonrisa del rostro porque se sentía aceptado y, si bien le importaba muy poco la aceptación del resto, Anémona era madre del amor de su vida, y realmente era grato que por fin le dijera algo bueno.

 

Todos rieron, Jorg simplemente negaba con la cabeza con una sonrisa al masticar porque por más que Anémona les diera venia a ambos para casarse, recién admitía sus ideas equivocadas y se disponía a poner de su parte, la amaba pero también la veía con sus errores, y si bien era algo tardío su comprensión, al menos lo hacía.

 

...

 

—De verdad, Tom, pellízcame porque siento que de pronto me voy a despertar en Francia, no viviendo de forma miserable porque tenía ya a Robbie, pero sí sin el amor de mi vida ni una Anémona que no intenta boicotear mi relación —dijo Bill, pestañeando frente a lo que hablaba, sin aún terminar de creérselo, Tom sonrió y negó con la cabeza para luego golpearle con suavidad el rostro, con expresión enternecida.

 

—Pues no, porque si así fuera no estaríamos ahora haciendo la lista de compras para la casa, amor, así que te repito. ¿Un sixpack de leche en tarro estaría bien o mejor dos para que quede para las gemelas? —cuestionó Tom, mientras veía las ofertas de los supermercados en su móvil.

 

—Tienes un talento único para sacarme de mi ensoñación sin necesidad de pellizcarme con la cruda cotidianidad, pero igual te amo —barbotó Bill riéndose.

 

El moreno se levantó para dejarle un pico en la corona, luego buscó sus labios para besarlo también, Tom de forma automática hizo sobresaliente los suyos para recibir el ósculo, aún abstraído en la lista de compras en su móvil.

 

Bill amaba que Tom fuese así de calculador y ordenado, ya que él era de las personas que compraba compulsivamente distrayéndose por completo del objetivo inicial, y teniendo que volver por las cosas que quería en primer lugar y con mucho menos presupuesto disponible. Tom era su complemento porque sopesaba la situación si ameritaba gastar esa cantidad o había el mismo producto y de buena calidad a menos precio, aparte de tener una lista que debía hacerse al pie de la letra con algunos antojos que podía permitirse si es que cumplía con sus obligaciones de casa. Sonreía porque disfrutaba mucho esa forma de ser tan distinta a la suya, porque Tom se preocupaba por la familia que tenían y hacía que pudieran ahorrar más para beneficio de ambos.

 

...

 

A Tom le encantaba ver a su madre feliz, era consciente de que en su infancia y siendo ella primeriza lo sobreprotegió y tuvo muchos problemas por ello, pero ahora ya con más edad y menos terquedad veía que le brindaba mucho amor a sus hermanas sin llegar a limitarlas por una sobreprotección tóxica.

 

Alina pintaba con esmero, y luego al caerse un lápiz se golpeó la frente con la mesa al intentar recogerlo, y quiso llorar. Su madre la vio y en lugar de abrazarla haciéndolo más grande, le sonrió y alentó a seguir coloreando, que ya pasó el golpe, y la pequeña dejaba de querer llorar para enfocarse en su dibujo nuevamente.

 

Se acercó a la cocina y ayudó a terminar de desgranar las arvejas verdes a su madre, la cual le sonrió, agradeciendo con una mirada silenciosa por agilizarle el trabajo.

 

—Te he extrañado mucho, mamá —mencionó Tom, contento por esos momentos.

 

—Yo también, mi amor. Una madre siempre echa de menos a un hijo así sea grande, pero ya tienes tu propia familia y respeto eso, corazón. De todas formas me hace feliz que estés ahora aquí en vacaciones, la pequeña es una niña muy adorable e inteligente y Bill es totalmente diferente a como lo recordaba —comentó Anémona.

 

—Aún suena raro que digas eso, pero supongo que puedo habituarme a ello —bromeó Tom, y Anémona rió.

 

—Cometí muchos errores, y el prejuzgar fue uno de ellos, me ha costado trabajo superarlo, sin embargo, está en mí el poder hacerlo y por eso es que ahora tomo otra actitud. Estuve conversando con una amiga psicóloga, mamá de una de las compañeras de tus hermanas, y me ha abierto los ojos en más de un sentido—confesó Anémona.

 

—Me alegra oír eso, ma. Me gustaría ir a terapia también, porque a veces la inseguridad me da ansiedad y me conlleva en ataques de pánico —farfulló Tom, Anémona asintió.

 

—Lo mío no es ir a terapia en toda regla porque más bien es una charla con una amiga, quizá más adelante considere ir a consulta. Pero si ves conveniente acudir a un psicólogo puedes pedir ayuda en tu universidad, creo que brindan el servicio de psicoterapia estudiantil, hijo y procura tomarte las cosas con más calma, es todo gradual pero posible —dijo Anémona.

 

Tom se dio cuenta que desgranando ambos habían terminado más rápido con todo y su mamá sujetó el tazón con chicharos para lavarlos, él por su parte midió las tazas de arroz para ir avanzando más del almuerzo, con un calorcillo en el pecho por compartir momentos con su madre y hablar tranquilos.

 

...

 

Bill miraba su mano de cartas, sintiéndose ganador desde ya, porque Robbie había soltado dos de sus cartas y las gemelas las sujetaban al revés, la vena absurda e infantil competitiva le latía furiosa, pero el lado racional de adulto padre le decía que era en vano que se emocionara porque igual las iba a dejar ganar a las tres porque ni siquiera sabían la importancia de tener una escalera y repetidos.

 

—¿Ya podemos jugar con la pelota? —preguntó Robbie con fastidio, Alina y Arabelle asintiendo en aprobación.

 

Bill chasqueó la lengua. —Entonces de las apuestas ni hablar, ¿verdad? —dijo para luego recibir un zape de mano de su mamá.

 

—¿Por qué en vez de hablar sandeces y ser adulto mala influencia no juegas a con ellas a la pelota? —preguntó Simone.

 

—Ehmn, ¿por qué soy inútil para deportes? ¿Por qué tengo la coordinación de un ratón ciego? Hay varios motivos en realidad —explicó Bill. Simone rodó los ojos.

 

—Papi yo te enseño, no te preocupes. Winni también era mala pero le ayudé y ahora jugamos juntas —comentó Robbie.

 

Bill hizo una morisqueta al oír el nombre de la mejor amiga de su hija, pero se reprendió internamente por lo absurdo de dejarse sobrepasar por situaciones imaginarias de perder a su hija, y asintió con una media sonrisa, dejándose guiar por las niñas, en especial de la suya que lo jalaba de la mano. Un pequeño retorcijón le invadió en el pecho al notar que ella tenía más fuerza para tomarle de la mano, cada día creciendo más frente a sus ojos, y Bill sólo deseaba que parase por un instante y seguir disfrutándola pequeña, necesitada de él, pero por otro lado tenía la certeza de que si bien Robbie era su nena y eso nunca cambiaría, no existía para sí, ella era de la vida, y debería prepararla para afrontar el mundo y disfrutar el tiempo a su lado en el transcurso.

 

...

 

Agotados por un arduo día, Bill y Tom se hallaban el uno echado al costado del otro, drenados de energía por diferentes motivos, Tom estuvo dedicándose a apoyar a su madre, e ir a unos encargos y Bill de niñero todo el día.

 

—Técnicamente es algo con lo que ya contabas con experiencia previa, aunque no quita de lado el mérito ya que lidiar con una no es lo mismo que con tres —comentó Tom, entre risas, Bill chasqueó la lengua y le hizo cosquillas débilmente a un costado—. Wow, sí que eres un anciano, no siquiera tienes fuerza para hacerme reír con tus cosquillas.

 

—Realmente son los cinco años más sobrevalorados para ti, ¿verdad? Pero llega a mi edad y soporta a tres engendros del averno, una de ellas es mi hija, por lo mismo lo digo, y no dejan chance a dormir un rato. Raziel es de gran ayuda dentro de todo, y empiezo a pensar que no le pago lo suficiente —dijo Bill, y Tom rió más.

 

—Fuera de lo gracioso, también estoy cansado, mi idea de vacaciones era un poco distinta, no me quejo, sin embargo, habría querido verte un poco más hoy, creo que me estoy volviendo insoportablemente dependiente de ti —confesó Tom, Bill se giró para verle y acarició su mejilla.

 

—Mi Tom, mi querido Once, me obsesioné contigo mi vida entera desde mis dieciséis años, por más de no tenerte cerca, siempre estabas a mi lado, así que insoportable no es el calificativo que denominaría al que seas dependiente de mí, quizá deberíamos ser un poco menos intensos el uno con el otro, pero me vale realmente muy poco lo que debería o no hacer, no comparo lo nuestro con lo del resto, ya que sólo nosotros tenemos el conocimiento y sufrimiento en la piel de todo lo que pasamos para estar juntos ahora mismo. Así que te llegue a la punta de la verga el que seas dependiente porque, joder, también lo soy, y que se vayan al carajo a quienes les moleste —sentenció Bill, besando a Tom, y suspirando en aquel gesto, no había profundidad, ni tampoco fuego o pasión, en aquel instante compartían un beso como gesto de amor, de comprensión, de consciencia y comodidad de saberse correspondidos y que no podrían sentir la misma vibración en todo su sistema por un roce de labios con alguien más.

 

—Te amo, Bill —susurró Tom, viéndose en necesidad de hablar en murmullos por la intimidad del momento.

 

—Te amo más, Once, y también hubiera deseado estar más juntos hoy, así suena mariconamente cursi te extrañé mucho hoy —dijo Bill, con una risa de medio lado, ojos brillosos que sólo reflejaban su rostro. Tom se sintió completo, sin ser juzgado, sin percibir inseguridad, acarició la nuca de Bill y mantuvo su rostro cerca, respirando el mismo aliento sin besarse, encontrando placer en la cercanía y posar la frente contra la otra.

 

Así no fuera su casa, sin desmerecer a su familia, Tom sabía que su hogar era Bill, sin necesidad de casa, en cualquier sitio, él le brindaba el calor de sentirse protegido y en paz.

Fic: L'amour vrai attend por Kasomicu. Capítulo 12: Año Nuevo entre amigos.

 

Capítulo 12: Año Nuevo entre amigos

—Repíteme por qué voy a pasar año nuevo sin mi hija y sin mi mamá.

—Porque tendremos tiempo para estar solos, aparte la bebé se lleva genial con las gemelas.

—Y que lo digas —susurró Bill más para sí mismo que para Tom, este lo miró confuso.

—Andas muy raro desde hace días, en fin. Ponte atento que tengo una lista inmensa de las cosas que llevaremos al campamento con los chicos —dijo Tom.

—¡Pumba! —gritó Bill cuando el bulldog se había soltado de la correa y se iba en dirección a un par de chicos.

—Madre, quiero un perro así como este —dijo un muchacho de aproximadamente doce años cariñando a Pumba. El chico tenía un cabello rubio despeinado semilargo, con un skate en mano.

—No me llames madre, dime mamá, para algo te he criado bien —rezongó la madre del muchacho.

—Mami pero el perrito está bonito, yo también quisiera un bulldog inglés —mencionó la niña de vestido y cabello negro como la noche.

Bill se detuvo a medio camino, y Tom silbó para llamar a Pumba, el cual iba corriendo con los cachetes y babas cayéndoseles.

—¿Dunja? —preguntó Bill, sin dejar de mirar a la mujer entrada en años.

—¿Bill? —interrogó Dunja por el cambio total del Bill Kaulitz que ella había conocido años atrás.

Tom miró confuso la escena y luego reconoció los ojos inmensos y verdes de Lilith.

—¡Lily! ¡Tim! —gritó Tom, Pumba jugaba alrededor suyo y no se podía mover pero los muchachos lo reconocieron igual.

—¡Billybear! —dijo Lilith al reconocer al rubio. Tim después de procesar lo que dijo su hermana, comprendió que eran su niñero y su ‘amiguito’ del colegio.

Se abrazaron y saludaron.

—¿Cómo están, muchachos? Hace tiempo que no los veía, pensé que se habían mudado o algo —comentó Dunja.

—No, o bueno sí, temporalmente estamos en Alemania, pero también estamos en Francia.

Bill aseguró el correaje de Pumba  y les sonrió.

—No puedo creer lo enormes que están —cedió Bill—. Tú todo un rufián, y tú una señorita —molestó.

Tim rodó los ojos pero luego rió.

—¿Qué van a hacer en año nuevo? —preguntó Lilith.

—Vamos a ir de campamento por un tiempo, ya que mi hija me abandona y se va con su abuela y las hermanas de Tom —masculló Bill, intentando controlar a Pumba que se quería escapar de nuevo.

—¿Hija? ¿Ya eres papá? —preguntó Tim, en cierto tono alarmado.

—¿Te casaste? —cuestionó Dunja.

—Es una larga historia, pero no, aún no me caso, crío a mi hija, y cuido a Tom que está en Francia por estudios —explicó Bill.

Tom lo miró con una ceja arqueada, es decir, ¿en serio Bill lo cuidaba? Por favor.

Tim bufó y miró a ambos. —¿Ustedes son novios, verdad?

—Deja de ser entrometido, Tim —regañó Dunja.

Tom rió y Bill se rascó la nuca.

—Oh, por eso siempre estaba cuando nos cuidabas —comprendió Lilith, refiriéndose a Tom.

—Larga historia —resumió Bill.

—Bill, no olvides que tenemos que hacer las compras.

—Chicos, nos veremos, espero, en otra ocasión, cuídense, ¡y que viva la diversidad! —bramó Dunja, los cuatro la miraron divertidos.

Los chicos llegaron con un montón de cosas, Robbie emocionada los ayudaba a acomodar todo.

—¿Me trajeron algo a mí?

—Sí, pero es un regalo para compartir —dijo Tom.

—¿Qué cosa?

—¡Caramelos! —le dijo y le dio una bolsa con chuches.

Robbie chilló de emoción y se lanzó a brazos de Tom. O como lo llamaba “papá”.

—¿No hay un poco de amor para tu viejo y decrépito padre? —preguntó Bill, Robbie alzó las manos en dirección a su progenitor.

—Tú no eres viejo, papi —refunfuñó Robbie. Bill apachurró a Robbie, deseando que nunca creciera, pero tenía que ser sincero, iba a hacerlo algún día, aparte los hijos no son propios, sino son de la vida—. Papiii, no me aplastes muy fuerte porque sino botaré mis caramelos y las gemelas no podrán comerlos conmigo.

Bill rió, la soltó y la puso en el suelo.

Robbie corrió en dirección a los escalones para subir con cuidado, iba al cuarto de las gemelas, con un Bambi que la seguía protegiéndola.

—Extrañaré a mi hija, ¿y si mejor no vamos y nos quedamos con ellos, Tom?

—Bill, estará con sus abuelos, no debes temer que le pase algo, ¿verdad? Aparte… quería algo de tiempo para nosotros —farfulló Tom, acariciando la mano de Bill para no ser muy demostrativo por si entraban a interrumpirlos.

—Yo también, amor —susurró Bill, sonriendo contra los labios de Tom, muriéndose de ganas de besarlo—. Pero, y uno que valga, somos ya una familia y debemos pasar tiempo con Robbie, no vaya a pensar que dejamos de quererla o algo así…

—Biiill —se quejó Tom, frunciendo el ceño—. Vamos. No va a pensar que la dejaremos de amar solo por unos días fuera. Quisiera que hagamos cosas de adultos.

—Hacemos cosas de adultos en Toulouse.

—Bill, no te hagas el listo, sabes a lo que me refiero —dijo Tom, pellizcándole el brazo.

—Ouch.

—No me hagas ponerme de rodillas.

—Me gusta cuando te pones de rodillas…

—Hablaba de rogarte, malpensado —masculló Tom, riéndose, Bill alzó y bajó las cejas insinuante.

—Bueno, tengo que dejar mis cochinadas de lado, porque tengo que hablar algo serio contigo —sentenció Bill, para después suspirar y Tom le palmeó el hombro, instándolo a que hablara.

—Dime, ¿es por lo que estás raro estos días?

—Sí.

—¿Es por algo que dije?

—No, es más bien por un sueño que tuve —comenzó Bill, sonrojándose y sintiéndose estúpido—. Lo que pasa es que el otro día soñé con Robbie y Alina, ambas ya grandes, señoritas, donde… eran pareja.

—Qué sueño tan raro. ¿Eso es lo que te mortifica? —cuestionó Tom, acariciándole la mejilla ahora.

—Sí, podría decirse, tengo miedo que Robbie crezca rápido y deje de quererme o algo así. Sé que es tonto, pero no sé, es este miedo ilógico lo que hace que no quiera que pase mucho tiempo con Alina por temor a que me deje —expresó Bill, sintiéndose algo ligero por haberlo dicho. Tom lo miró enternecido.

—Amor, Robbie nunca te dejará de amar, eres su papá, aún está pequeña y hay que pasar tiempo con ella, pero tampoco hay que sofocarla, ella tiene sus amigas y no por eso significa que te querrá menos. Va a estar con nuestros padres, y así podremos disfrutar de tiempo de pareja y de hacer cosas de adultos, pero luego regresaremos con Robbie y todo seguirá igual —intentó tranquilizarlo Tom.

—Ay, Once, por eso te amo, eres mi parte cuerda. Te amo, Tom —susurró Bill contra los labios de Tom, y este le ofreció una sonrisa ladeada que hizo que los ojos de Bill brillaran y sus pupilas se dilataran para luego acortar los escasos centímetros y besarse con dulzura, lo hicieron rápido por si alguien entraba.

—Entonces, ¿estás mejor?

—Contigo siempre.

Con esas pocas palabras, Bill había encontrado lo que tanto buscaba, el consuelo y lo racional de esa situación. Robbie era su bebé, pero no siempre lo sería, y él ahora tenía que darle su espacio también, porque no dejaría de quererlo por tener una novia o novio más adelante.

El día del campamento, Bill abrazó a su pequeña con fuerza y le acomodó su gorrito de gato para que no le diera un mal viento. Robbie luego fue abrazada por Tom, quien la llenó de besos mariposas y la hizo sonreír y luego besó a sus gemelas favoritas.

—Los extrañaré, papis —dijo Robbie.

—Nosotros igual, mi amor —dijo Bill, buscando el tacto de Tom con la mano para tranquilizarse.

Tom le apretó la mano contra la suya y sonrió.

Iba a ser un largo viaje, pero pasarían año nuevo con la banda y la pasarían en grande.

 Brianne y Gustav iban a casarse, lo dijeron mientras iban en el camino al lago en donde iban a acampar.

 —Wow, nunca te imaginé casado, Gus —dijo Tom, sinceramente feliz por su amigo.

—Yo no pensé que regresarías con el baboso de Bill, pero mírate —bromeó Gustav, aligerando el ambiente. Todos rieron, menos Bill, Bill rodó los ojos.

—¿Y ustedes para cuándo? —preguntó Andreas, moviendo su quijada en dirección a ambos.

—Ehh bueno —farfulló Tom nervioso, Bill le apretó la mano.

—Para cuando Tom termine su carrera nos casaremos —respondió Bill.

Tom asintió sonriéndole a Bill, le ponía nervioso todo pero ya era algo que el resto sabía, que ambos se iban a casar y que estaban comprometidos.

—¿Y ustedes cómo se conocieron? —cuestionó Brianne. Bill se lamió los labios para responder.

—Eso, es una larguísima historia.

—Creo que demoraríamos años en narrarla —siguió Tom con la broma. Brianne arqueó una ceja confundida.

—¿En serio? ¿Se conocen de hace años?

—Sí, desde la escuela —comentó Tom.

—Wow, pero no se llevan años de diferencia, ¿verdad?

—Sí, pero éramos amigos de todas maneras.

—Y así nació Once —dijo Andreas con nostalgia.

—¿Once? —interrogó Brianne.

—Ya te dije, rubito, que Once solo le digo yo a Tom —le chistó Bill, medio en broma y medio en serio. Tom clisó la mirada sobre Brianne y le sonrió.

—Es un mote cariñoso que me dice Bill desde hace años —explicó Tom.

—Pero, ¿por qué?

—¿Qué no le contaste nada, GusGus? —preguntó Bill.

Gustav arrugó el ceño frente al apodo. —Bah.

—No, no me dijo nada.

—Ni que fuéramos el centro del mundo, es normal que Brianne no sepa —respondió Tom, rascándose la nuca.

—Sí pero…

—Díganme, me causa mucha curiosidad.

En todo el camino hacia el lago, mientras Georg bajaba el volumen de las canciones que puso para amenizar el momento, Bill y Tom iban contándole la historia de cómo se conocieron entre risas y acotaciones del resto.

—La verdad, soy muy inútil para armar tiendas de campañas —dijo Bill, cuando hubieron llegado y sacaron todo para que cada pareja tuviera su propio espacio, exceptuando Georg y Oskar, que iban a compartir tienda por falta de espacio.

Andreas rodó los ojos y bufó. —¿Para qué cosa no eres inútil, Bill?

Bill sonrió con socarronería. —Para follarme a tu mejor amigo.

—Demasiada información.

—Uy sí, uy sí —fastidió Bill. Tom les dio un golpe a ambos en la cabeza a lo soltaron al unísono un “ouch”.

—Entonces, ¿será esto como una despedida a la soltería de Gusti? —preguntó Georg.

—¿Con la novia presente, es en serio? —dijo Oskar, luciendo de mejor humor.

—Solo decía.

Todos rieron. Al parecer Oskar ya había superado a Gustav, y a Tom le emocionaba que fuese así porque se podían llevar mejor y compartir momentos entre todos.

Se bañaron todos y jugaron a salpicarse agua en el lago, como si fueran unos críos. Cuando empezaron a tomar y fumar, Bill se la pasó abrazando por detrás a Tom, mientras tomaba una cerveza y luego le besaba el cuello. Le gustaba pasar tiempo exclusivo de pareja, claro que amaba a su pequeña, pero a veces venía bien momentos como este donde estaban entre amigos disfrutando del paisaje y de su piel contra la suya, ya que estaban en bañadores.

Se acordaba cuando intentaba quitarle los nervios a un Tom pequeño en el lago, no el mismo, pero sí uno parecido. En cómo era de frágil Tom en ese entonces, pero aún así se aferró a su corazón y nunca lo dejó ir.

Le gustaba la sensación del césped húmedo bajo su cuerpo, el sol que ya no era abrasador dándole algo de calidez y estar junto a sus personas queridas.

Estar junto a Tom principalmente lo hacía feliz.

Cuando el resto armó una fogata más dentro de los árboles, como colindando con un claro, Tom y Bill permanecieron cerca al lago, besándose y riéndose por tonterías estando ebrios de amor.

—Deberíamos acercarnos al resto, ya será Año Nuevo y seríamos unos aburridos si estamos acá metiéndonos mano en lugar de compartir el momento con nuestros amigos.

—Nah, prefiero quedarme aquí, la luna sobre el lago se ve hermosa, pero nada superará a la imagen de ti estremeciéndote bajo mi roce.

—Biiill —soltó Tom a modo de queja. Bill rió.

—Once. —Tom se giró para verlo y darle un beso casto en los labios, uno que fue tomando fuerza conforme pasaban los segundos.

—Seguimos así y terminaremos haciéndolo cuando den las doce.

—¿Y no te parecería genial pasarla haciendo el amor durante lo que queda del año viejo? —Tom se mordió el labio inferior y negó.

—No que me parezca mal, pero vinimos a pasarla con el resto también. Fácil y hablan mal de nosotros por ensimismarnos en nosotros mismos en lugar de pasar tiempo con ellos.

—Me la chupan.

—No, yo te la chupo.

—Oye, no me tientes —volvieron a reír.

—Bill, vamos con el resto.

—Ok, pero respóndeme a esta pregunta seria.

—Cuál.

—¿Por qué te amo tanto?

Tom rodó los ojos y se lamió el labio para responder. —Porque sabes que soy perfecto.

—Epa, eso sonó a algo que yo diría.

—Se me pegó de tanto juntarme contigo —bromeó Tom—. También te amo, Bill.

—Ok, vamos, amor.

Se levantaron y tomados de las manos se unieron a la celebración por el año nuevo junto con los otros, que les chiflaron cuando llegaron diciendo cosas como “búsquense un hotel” o “no coman pan frente a los pobres”.

Ambos se miraron con la ilusión del amor que dura años, de ese que te habitúas a la otra persona y sabes que será tuya para siempre, por más que tengas muchos recuerdos donde hay distancia entre ustedes, siempre perdurará lo mejor y siempre estarán el uno para el otro.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Fic: Catorce. Capítulo 26: Declaraciones.

¡Mañana es el cumpleaños de mi abuelito! Bueno, del novio de mi abuelita, pero lo considero mi abuelito porque fue quien me crió, ya sé, ya sé, cosas random, pero es que me emociona. De premio, y disculpa por haber tardado tanto, les traigo otro capítulo de Catorce, espero les guste, en serio e.e



Capítulo 26: Declaraciones